Lo tienes decidido. Ya sabes que tus próximos días libres transcurrirán en un entorno rural. Apetece, ¿verdad? Además, hay buen ánimo. Es precisamente lo que necesitas y lo que te conviene: un poco de tranquilidad, campo y disfrute sin prisas.

Si todavía andas dudando acerca de algo tan importante como es la elección del alojamiento, este post es para ti.

¿Conoces las diferencias que hay entre una casa rural y un hotel rural? Mucha gente piensa que son básicamente lo mismo; sin embargo, nada más lejos de la realidad.

¡Fuera dilemas!

Estate atento porque cuando acabes de leer, sabrás exactamente qué es lo que necesitas.

Ubicación y arquitectura

Atendiendo a la clasificación del alojamiento como «rural», la localización debe de cumplir con ciertos requisitos. El principal de ellos, que el entorno sea agreste.

Nada de ciudades, carreteras o espacios urbanos en áreas metropolitanas. Para poder calificarse como tales, tanto la casa como el hotel rural deben ubicarse en zonas fundamentalmente rústicas o campestres.

Ahora bien, dentro de este punto en común, nos encontramos con la primera señal distintiva: el hotel suele haber sido construido ex profeso con el objetivo de serlo. Mientras, la casa rural es una edificación con historia que ha sido restaurada o acondicionada para tener una segunda vida reconvertida en negocio turístico.

Siendo así, la casa rural conservará ciertos detalles que hablen de su pasado, sorprendan y deleiten al visitante. Vigas de madera, suelos originales, fachadas de época, mobiliario original… Cuando te quieras dar cuenta, ya te sentirás parte del lugar.

Aprovecha y pregunta a los dueños por la historia de su casa. A buen seguro, estarán encantados de contarte detalles curiosos y anécdotas que sucedieron allí mismo.

Servicios personalizados

Hablando de los propietarios de la casa rural, muy probablemente, estos serán también los gestores del alojamiento.

Se trata de negocios tradicionalmente gestionados por familias. Matrimonios a los que a menudo asisten los hijos o incluso los nietos. Las generaciones se van dando el relevo. Con este panorama tan hogareño, ¿cómo imaginas que va a ser la atención?

Ya lo estabas intuyendo: bastante esmerada y de trato muy cercano. Ellos quieren que te sientas como en tu propia casa, así que no escatimarán en consideraciones y amabilidades para conseguirlo.

A la sincera cortesía, se le suma el ambiente desinhibido e informal y ya tenemos justo aquello que andábamos buscando: esa sensación familiar y acogedora de una calidez asombrosa y reconfortante.

¿Tienes alguna petición especial? Pues no dudes en comentarlo y verás como tus dedicados anfitriones tratan de complacerte de buena gana.

En el caso de los hoteles rurales, es posible que no se den las mismas condiciones. Ten en cuenta que son alojamientos más grandes, y aunque el personal sea igualmente maravilloso, el trato llano y casero puede ser menos habitual. Esto es debido a que la implicación entre empleados y empresa es diferente: de tipo más profesional y menos afectiva.

Encanto y magnetismo

Un poco en la línea que estamos tratando hasta ahora, es de prever que las sensaciones como huésped tampoco van a ser las mismas en un hotel que en una casa rural.

Lo genuino

Ya hemos comentado que en las casas rurales reina la autenticidad. Tanto de la propia parte física del alojamiento como de las personas que se encargan de él día tras día. Es precisamente esta unión entre el potencial histórico y humano lo que genera una experiencia verdaderamente atractiva e interesante.

Un mismo concepto

Un cortijo, una masía, un caserón, un rancho, una villa, una alquería o una cabaña. En cada lugar reciben un nombre, pero todas coinciden en lo mismo: su espíritu hogareño no se pierde, es imperecedero y forma parte de la identidad de la casa rural.

Todo el año

Durante las cuatro estaciones, los doce meses, cualquier fin de semana o las fiestas de guardar, las casas rurales son una auténtica delicia para los sentidos. Para la calma y la paz interior y para disfrutar con tu pareja, hijos o amigos justo como debe de ser: en un ambiente relajado y distendido, con todo aquello que necesitas a la hora de pasar unos días en la gloria.

¿Ya sabes cuál es tu opción?

En El Clos somos expertos en reconciliar a nuestros huéspedes con su lado más espontáneo y natural, así que, ¿por qué no?, te sugerimos que te conviertas en uno de ellos y empieces por aquí.

Verás que reunimos todo lo que esperas de una escapada rural. Pero no una cualquiera, no: una memorable que supere tus expectativas y, por supuesto, las de tus acompañantes. Porque no hay nada mejor que compartir los buenos momentos con quienes más quieres.

¡Hasta pronto!